Temido por los alumnos, el Instituto de Educación Secundaria Luis de Góngora en Córdoba, está situado en la calle Diego de León, junto a la plaza de las Tendillas. Fue fundado en 1547 por Pedro Lopez de Alba (médico de Carlos I).
Este colegio guarda siglos de historia y diferentes historias, que sus paredes quedan como cómplices y el instituto en sí como enemigo para los alumnos cuando sus vigilantes (los profesores) los ponen en evidencia delante de sus familias.
El edificio fue construido para mejorar la trayectoria decente de España. Tubo su primer nombre, “El colegio de la Asunción”, que servía como “fundación espiritual”. El fin de esta fundación era acoger a los estudiantes pobres que pensaban dedicarse al sacerdocio. Muy pronto se puso el colegio bajo la tutela espiritual y docente de los jesuitas que contribuyeron tanto en lo espiritual como en lo educativo y en las labores de dirección a la gran fama y esplendor de la institución. Las clases las recibían los colegiales en el cercano colegio jesuítico de Santa Catalina, o Colegio de la Compañía como también se le llamaba. Tras la expulsión de los jesuitas de España, el Colegio de la Asunción pasó a depender del Patronato Real y se denominó desde entonces "Real Colegio Seminario de Teólogos de Nuestra Señora de la Asunción de Córdoba".A lo largo del primer tercio del siglo XIX el Centro se convirtió en uno de los recién creados "Colegios de Humanidades" estado en el que permanecerá hasta 1847.
Para resaltar como algo más importante de lo habitual en un instituto de enseñanza secundaria, tenemos la “Capilla de Nuestra señora de la Asunción”. Que a su vez funciona como un claro ejemplo de ser una joya del barroco cordobés.
No hay que acabar con esto sin hablar de los miles de alumnos que han pasado por allí, y lo que ese colegio como el resto callan sin que nadie se de cuenta de las historias que se quedan alli cada año cuando termina un curso, confiando en que una vez que se cierren las puertas todo lo ocurrido, no tendrá escapatoria. Y todas aquellas vivencias que gloriosas para unos y frustrantes para otros (según el nivel de las calificaciones), se quedan encerradas a puertas de los demás durante el resto de la vida, hasta que alguien o algunos decidan derrumbarlo y ya no habra vuelta atrás.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario